Viernes, 01 de julio de 2005
Una recalcitrante paja mental
¿Qué hay más triste que las relaciones humanas?
La respuesta es sencilla: el hombre. Sin él no habría relaciones, y, entre estas, no habría relaciones humanas. Y es que sólo bastan unos minutos de atenta observación a nuestra especie para darnos cuenta de que no es tan complejo como parece. Nos basamos en instintos, competitividad y, cómo no, mal gusto. La competitividad es fruto de la promesa de los instintos, o, mejor dicho, somos como somos por que nos guiamos por lo que nos guiamos (prometedor, ¿eh?). Luego, todo está rodeado de un patético mal gusto hacia nuestra actividad, lo cual no es tan malo, yo diría que hasta interesante. Si no nos comportáramos como profundos borregos en presencia de otras personas, seguramente no me hubiera siquiera planteado esta pregunta.
Centrémonos en la competitividad. Ésta da como resultado tres tipos de comportamiento: el ser agradable, el desagradable y la indiferencia. La agradabilidad (sic) es quizás lo más peligroso, alguien se comporta amablemente por que quiere algo, así de sencillo, y no nos engañemos, no existen las personas altruistas ni los espíritus fabulosamente benignos, sólo intereses. Ya sea en busca del perdón divino, palmaditas en la espalda o ratos de obsesivo sexo, nadie se levanta de la cama para agradarnos la existencia. Tampoco existen personas realmente buenas o malas, sólo varemos de interés más o menos remarcados, o enfermedades mentales. Jesucristo seguramente hizo todas esas obras buenas porque, ya que tuvo el “marrón” de tener que venir a aguantarnos durante unos años, debió pensar que la manera más rápida de volver a casa era recalcitrar a los hombres a base de parabolazos y discursos del tipo “ya os lo digo, es que no tenéis remedio” (que en el fondo son de una mala leche...) lo cual dio un excelente resultado: sólo duró 33 años.
El comportamiento desagradable o maleducado (qué palabra más curiosa, por que las personas más insoportables que conozco tienen una perfecta educación) es un mecanismo de defensa que surge en base a la mejor o peor capacidad adaptativa del individuo, y si no se cree esto, basta pensar en los grandes reyes o tiranos: cuando han logrado llegar a lo máximo, para mantenerse en el poder, deben permanecer distantes y orgullosos para conservarlo.
La indiferencia: qué peligro esconde esta actitud. Dicen que la peor ofensa es la indiferencia, pero también es la mejor defensa. Debo reconocer que la respuesta a la avalancha de estímulos que le llegan al hombre hoy en día se contraataca con indiferencia, pero del tipo “ignorancia” mas que del tipo “contestación discurrida”, es decir: no te contesto a tu insulto no por que decida ignorarte, sino por que realmente no sé que contestar, o no sé si realmente te referías a mí, o mi concepto de realidad no coincide con el tuyo, o la neurona que me queda ha decidido conectarse con la vejiga de la orina, o...
Ironías a parte, éste es el meollo de la cuestión: la apatía, la reina de las relaciones humanas, y el fin último de la humanidad. Cuando todo esté inventado, todo descubierto, todo hablado, ¿ya no habrá relaciones humanas? Pues sí, pero reducidas a tres que nunca despiertan el aburrimiento: comer, dormir y... sexo ¿o se puede caer en la apatía en este último? quizás, pero no hay que ser muy estúpido para llegar a la conclusión de que en las dos primeras no se necesitan varias personas, y el problema vuelve a estar por tercera vez en este texto en el sexo, lo que daría para un nuevo ensayo titulado “El sexo, el tercero en discordia”. Pero, ¿por qué esta apatía? Quizás por eso, por la cantidad de “material” que nos bombardea en forma de noticias, sucesos, internet... nos surge un mecanismo de defensa que en un principio surge para no sobrecargar nuestro delicado cerebro, pero que como resultado nos convierte en borregos que balan no por interés, sino por “que me quede como estoy”.
Por: Cachovatio | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Te leo y te enlazo en mi página para que te conozca más gente. Muy bien lo que he visto hasta ahora. Cuando aprendas a poner enlaces, ya sabes. A mí me llevó dos meses, pero es que para estas cosas soy lenta y el html me suena a ruso.
Saludos y bienvenido a la "blogosfera".
(Ha sonado a secta, ¿no?).
Li | 02-07-2005 14:47:32
Gracías, espero tenerte "a mano" para que me eches una "mano" (joer, cuantas manos)
Me encantan las sectas.
cachovatio | 03-07-2005 18:17:02
Cosas banales y sencillas crean grandes desastres. Aquí trato de ver lo sencillo que es llegar a un caos. también miro por la ventana!
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